Fuente: Ciencia@NASA
El tornado de Alabama alcanzaba los 338 kph (210 mph), llegó a tener 2 kilómetros de ancho
El miércoles 27 de abril, Dauna Coulter, quien escribe para NASA, se encontraba cerca de la "zona cero" mientras un súper despliegue de tornados azotaba el norte de Alabama.
Esta historia cuenta sobre la ciencia que ella observó durante el evento, la cual escribió y envió desde la zona del desastre.
Los tornados y sus alaridos sonaban con fuerza y luego disminuían por un tiempo, sólo para volver a comenzar unos minutos después, en el momento en el cual los pronosticadores avistavan otro eco en cadena en sus radares y los cazadores de tormentas, guiados por la adrenalina, confirmaban los tornados que descendían desde los agitados cielos uno tras otro.
Recubrimos el armario de nuestro baño con frazadas y almohadas para proteger a mi nieto. Mi esposo salía una y otra vez a mirar el cielo".
Si una atmósfera pudiera estar dotada de sentidos, la que estaba allá afuera era un malévolo ente viviente, relata Coultner. Esta no era una tormenta común y corriente.
Hacia el final de la tarde, perdieron la energía eléctrica. Buscaron apresuradamente baterías, fósforos y objetos de apoyo, mientras los tornados continuaban azotando la región.
El viento finalmente se detuvo a las 10 de la noche.
Al día siguiente todavía no había señales de energía eléctrica, Coulter se sentó en una reposera para escuchar su radio de baterías.
Las noticias eran peor de lo esperado: muchísimas personas perdieron su vida durante las tormentas.
Fue hasta la noche que pudo comunicarse por celular con su familia y amigos.
Tony Phillips, director de Ciencia@NASA fue uno de ellos. Cuando por fin habló con él, primero se aseguró de que se encontraba bien y luego le dijo algo que la dejó anonadada: "quiero que escribas una historia sobre esto"
Manejó hasta el Centro Nacional de Ciencia y Tecnología Espacial (National Space Science and Technology Center o NSSTC, por su sigla en idioma inglés), un centro de investigaciones de vanguardia sobre clima severo.
El equipo de campo que examinó el daño en el norte de Alabama informó sobre uno de los tornados y lo clasificó como tornado de clase EF–5, una categoría exclusiva dentro de la cual se encuentran los tornados más violentos y destructivos.
Tenía vientos cuyo pico alcanzaba los 338 kph (210 mph), llegó a tener 2 kilómetros (1,25 millas) de ancho en algunos lugares y permaneció en el suelo a lo largo de 212 kilómetros (132 millas).
Dauna Coulter manejó de regreso a casa, tratando de digerir y lamentando todas las cosas de las que se había enterado ese día y, sin embargo, nadie le había explicado cómo esta catástrofe había sucedido.
Fue el meteorólogo de la NASA Walt Petersen y el meteorólogo de la UA–Huntsville (Universidad de Alabama en Hunstville) Tim Coleman que le llamaron para explicarle.
Una bolsa de aire profundamente frío se escurrió hacia el Sureste, en el centro de Estados Unidos, detrás de un frente frío que iba a la retaguardia de un sistema de baja presión al nivel del suelo", explica Petersen.
Al parecer, aire húmedo que provenía del Golfo de México fluyó hacia el área de baja presión como agua que se dirige apresuradamente hacia una alcantarilla abierta.
Por encima de este aire húmedo se encontraban vientos muy fuertes, con mucha cizalladura del viento. Eso quiere decir que el viento cambiaba de dirección y se aceleraba conforme subía, causando de este modo que las corrientes ascendentes de la tormenta se enroscaran a medida que subían a lo largo del viento que giraba.
La conjunción de estos componentes resultó ser mortal y produjo que las tormentas se formaran y se intensificaran, y al mismo tiempo, provocaron que giren debido a la cizalladura del viento.
Durante los siguientes días, Dauna trabajó en esta historia cuando el tiempo lo permitía, a la sombra de un árbol durante el día y a la luz de la vela durante la noche.
Jamás olvidará esta experiencia: la ciudad sin alumbrado público, largas filas para comprar algo de hielo o de gasolina, o unas cuantas salchichas para hacer a la parrilla, toques de queda, duchas heladas, y el pensamiento en aquellos que no fueron tan afortunados.