Quo

Martes 27 de septiembre de 2011
Por: Rocío Incera

Hoy Google cumple 13 años y hace cuatro décadas se desarrolló la red que hoy llamamos Internet, sin embargo uno de sus embajadores desea llevarlo fuera del planeta Tierra.

Es octubre de 1972, en Washington, DC. Vinton G. Cerf ha probado la estructura y los protocolos, expresados en algoritmos. El grupo entero prepara desde hace medio año el envío del primer correo electrónico en un ámbito no universitario.

Cerf se siente tranquilo y está muy activo: escribe con paciencia y cuidado los teléfonos y las direcciones de las 30 personas que forman parte de la experiencia. El envío y la recepción del primer correo electrónico de ARPANet –la red de computadoras fundada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, predecesora de internet– es un éxito.

Cinco inventos eléctricos que cambian tu vida.

Los titulares de los diarios centran su atención en Carl Bernstein y Bob Woodward, quienes revelan que el incidente de Watergate es una campaña orquestada desde la presidencia.

En el medio científico, las luces están puestas en los reportes sobre el ADN recombinante y en los métodos de la biología molecular. Nacía Eminem y nadie imaginaba que existiría el rap.

Internet era entonces un sueño y hacían falta numerosos aterrizajes. Vinton Cerf sería conocido después como uno de “los padres de internet”, junto con Robert Kahn.

En la actualidad, Cerf sigue diseñando redes que puedan usar todos: participa en el diseño de la red interplanetaria de la NASA, que pretende expandir internet al espacio. Asimismo, es uno de los integrantes de la Comisión de la Banda Ancha para el Desarrollo Digital.

Dicha comisión, con el aval de la Unesco, promueve el acceso a la red, como una forma de combatir la pobreza. Es, además, vicepresidente mundial y jefe evangelista de Google.

Se dice que siempre va vestido con traje de tres piezas. ¿Es la imagen seria de Google?

Cuando fui a Washington, D.C. en 1976, desde la Universidad de Stanford, para unirme al Departamento de Defensa de mi país, con el fin de poner en marcha el proyecto de investigación sobre Internet, mi esposa dijo:

Deberías de llevar puesto un traje de tres piezas”.

Fue a Sacks Fifth Avenue y compró trajes de tres piezas, que yo me pongo desde entonces y se han convertido en un sello distintivo con el que estoy cómodo…  a pesar de que no creo que nadie en Google llevaría remotamente una vestimenta como esta.

“Uno de los padres de internet”, así lo llaman. ¿Cómo definiría las virtudes de su hijo y sus defectos?

Estoy sorprendido por la cantidad de aplicaciones que la gente ha inventado para la red. Lo anterior ha reforzado una de mis creencias: necesitas tener cuidado cuando diseñas sistemas para evitar sobrediseñarlos. Internet no tuvo un diseño para alguna aplicación en particular, quizá ahí reside su poder.

Su diseño no tiene confinamientos ni cálculos de construcción sobre su oferta de servicios. Se diseñó simplemente para llevar información de un lugar de la red a otro. Así funcionan los bits. Ahora Internet corre a velocidades crecientes. Por eso podemos sostener más y más video, por ejemplo, y no fue necesario cambiar la estructura básica de internet ni su arquitectura original.

¿Usted fue un niño genio? ¿Cuáles fueron los ingredientes que definieron su destino?

No, no creo. Recibí oportunidades y recibí impulso, fomento, interés. Me gustaba la escuela, disfrutaba competir con mis compañeros. Y tengo curiosidad natural. El impulso básico en mi mundo fue saber, entender, comprender, y lo sigue siendo.

Eso sí: cuanto más envejezco, menos sé.

Recuerdo que de joven –y también de niño– estaba interesado en las ciencias, en las matemáticas. Y se me fomentó ese interés. Leí muchos libros y mi entusiasmo creció respecto de la ciencia, porque yo era muy curioso. Quería saber cómo funcionan las cosas, de dónde proceden y cómo hacer cálculos para resolver asuntos. Eventualmente, me interesaron las computadoras porque nos permiten crear nuestro pequeño universo artificial.

Ese universo hace lo que cada uno de nosotros queremos, excepto en los casos en los que hubiera tareas que cumplir para mantener al equipo, o por alguna interferencia, como un bug. Mi interés se convirtió en mi profesión y, como estudiante recién graduado, practiqué el diseño de redes, en la UCLA.

Este interés tomó mi atención total, pues me resultaba atractiva la posibilidad de enviar algo a 7 mil kilómetros de distancia y lograr efectos. Y desde entonces estoy involucrado en la especialidad de crear redes. Me resulta fascinante. Cuando uno mira los desplazamientos en la red, resulta asombroso cuánta gente ha inventado modos y utilizado esos diseños, en esas bases, para montar pesadas masas de información, que –a la postrenos resultan útiles para mantenernos interconectados mundialmente.

Usted trabaja con la NASA en el desarrollo del IPN, Internet InterPlanetario. ¿Útil para proyectos actuales, posibles conquistas o comunicación con seres de otro mundo?

Los protocolos en Tierra son útiles para sostener todo aquello que se desee montar en el planeta, pero resultan lentos cuando se trata de la actividad de investigación y de comunicación, por ejemplo, que se realiza en el Sistema Solar. ¡Ha crecido mucho!

Por ello, paso a paso, avanzamos con Internet Interplanetario, desde 1998. Ahora los probamos en la Estación Espacial Internacional, y también la nave espacial Epoxi. Deseamos estandarizar los protocolos para todas las naciones del planeta que hagan o que lleguen a realizar misiones o investigaciones interplanetarias, sin distinción. Con protocolos estandarizados, todas las naves y las misiones podrán comunicarse entre sí.

Originalmente publicado en la edición 167 de la revista Quo.