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El segundo de la discordia

Para que los relojes coincidan con la rotación de la Tierra les hace falta un segundo.

Al parecer la Tierra es un cronómetro menos preciso que los relojes atómicos.

El segundo adicional, llamado intercalar, se le añade a los relojes nucleares para que mantengan el mismo paso que la rotación de Tierra. Eso es lo que intentó decidirse en la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

Puede parecer poco importante un simple segundo para semejante discusión. Sin embargo, a lo largo de las décadas, el desajuste entre los relojes basado en la rotación planetaria y los atómicos sería de varios minutos. Y en 500 años sería de una hora.

Para entender bien las implicaciones de la medición del tiempo y el porqué de tanto debate es preciso tener claro algunas cuestiones referidas a la ciencia que mide algo tan abstracto y a la vez real como el tiempo.

¿Quién determinó qué hora es?
Resulta que los mismos ingleses que, en el siglo XVIII, se pusieron en la tarea de establecer el estándar que le serviría de referencia al mundo durante más de 120 años, en 1955 se inventaron el primer reloj atómico preciso, y empezaron los problemas.

Los relojes atómicos son mucho más precisos a la hora de medir intervalos de tiempo. GMT (Greenwich Mean Time o Tiempo Medio de Greenwich) se basa en el paso del sol sobre el meridiano cero en Greenwich Park, en el sureste de Londres.

Pero al parecer, la Tierra no es un cronómetro fiable debido a un ligero bamboleo al girar sobre su eje, de manera que es mejor confiar en las vibraciones de los átomos, que pueden contar segundos con una precisión increíble.

O por lo menos eso es lo que proponen con vehemencia algunos países de la comunidad internacional. Sin embargo, otros se oponen a la idea con un ardor semejante.

Un pleito añejo
El trabajo de Nevil Maskelyne, un astrónomo del siglo XVIII, ayudó a establecer a Greenwich como el guardián del tiempo del mundo. Francia lanzó una poderosa embestida para tomar la batuta en una conferencia internacional en 1884, pero perdió.

En rechazo a la decisión, marchó de acuerdo al "Tiempo meridiano de París" hasta 1911.

Si se abandona la medición de los días de acuerdo a la posición del Sol respecto a la Tierra, Francia conseguiría por fin lo que tanto anheló.

El principio
Greenwich es todavía el lugar en el que se marca una de las tres escalas de tiempo: el Horario Universal, que se emplea en todo el mundo como línea internacional de cambio de fecha. El día empieza en ese meridiano. Quienes trabajan con el tiempo, no lo llaman GMT sino UT1.

Pero hay otra escala de tiempo. El TAI, o Tiempo Atómico Internacional, es un estándar atómico de alta precisión, que no está ligado a un fenómeno astronómico.

En este caso, el cálculo de un intervalo de tiempo es determinado por un fenómeno físico. Hay unos 400 relojes atómicos localizados en unos 50 países que recolectan, procesan e intercambia información que mandan al Bureau Internacional de Pesos y Medidas (BIPM).
Ese organismo, con sede en París, es el responsable de mantener el tiempo atómico.

Como la rotación de la Tierra no es exacta pero los cambios en los átomos sí, hay una diferencia entre el UT1 y el TAI.

Así que "en 1972 se trató de unificar las distintas escalas para ser más precisos. Se creo el UCT, Tiempo universal coordinado. Si la diferencia entre UT1 y TAI es de más de un segundo, el Servicio Internacional de Rotación de la Tierra puede regularlo, quitando o poniendo un segundo".


Pero simplificar no es tan sencillo. Desvincular el tiempo de la rotación de la Tierra trae problemas a largo plazo. La polémica parece irreconciliable. Y en teoría, la decisión tiene que ser unánime. No obstante, el resultado fue que no hubo acuerdo.

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