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El suadero "in vitro", ¿una realidad?

¿Te atreverías a comerte un bistec hecho en un laboratorio?

¿La carne creada en laboratorio cambiará la industria ganadera?

Amamos los bisteces (y las tortas de pierna, las tostadas de pata y cientos de otros platillos derivados de animales): de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indican que en nuestro país la producción de carne pasó de 3.7 millones de toneladas en 1990 hasta 5.8 millones de toneladas en 2010.

La razón se halla, de acuerdo con Luis de la Calle y Luis Rubio, autores del libro Clasemediero: pobre no más, desarrollado aún no, al crecimiento en la porción de la población con ingresos suficientes para consumir carne de manera regular.

Punto y aparte de las consecuencias que tiene en la salud la ingesta excesiva de carne, a los problemas ecológicos y económicos de la producción de carne en gran escala se suma una nueva amenaza: la creación de nichos donde virus y bacterias pueden intercambiar información para transformarse en epidemias potencialmente devastadoras: se ha encontrado que los brotes de virus de influenza H5N1 (conocida como influenza aviar, mortal en hasta la mitad de los casos) han tenido su origen en granjas y mercados en el sureste de Asia.

Así, la ciencia está buscando una forma de obtener carne sin animales.

Carne inmaculada
La búsqueda del suadero sin res se remonta a mediados de la década pasada cuando en instituciones como la NASA y la Universidad de Maryland emplearon los conocimientos obtenidos en el desarrollo de células madre (células que pueden convertirse en cualquier tejido del organismo) en la creación de masas musculares.

A esta tarea se han sumado organizaciones como el In Vitro Meat Consortium y la sociedad ecologista People for the Ethical Treatment of Animals (PETA), quien ha puesto sobre la mesa un millón de dólares a la primera persona o grupo que pueda crear poner en los anaqueles del supermercado carne cultivada in vitro.

Las ventajas son evidentes: no se necesita crear un animal completo para obtener de él sólo una porción útil (en muchos países vísceras, patas y cabeza son procesadas como alimento para otros animales), se evita el sufrimiento que implica la crianza industrial y el sacrificio de un animal (la carne de laboratorio carece de sistema nervioso), amén del ahorro en energía: un estudio de la Universidad de Oxford encontró que un kilo de carne en laboratorio consume 96% menos agua, 45% menos energía, 99% menos terreno y genera un 96% menos de gases invernadero.

Pero no todo es miel sobre hojuelas: la carne de laboratorio sólo se ha producido a pequeñas escalas, insuficientes incluso para cocinar una albóndiga, por lo que aún se desconocen las complicaciones que podría tener la producción de carne a escala industrial.

Por otro lado, esta carne es diferente a la que conocemos normalmente: es una masa pálida y blanda, cuya apariencia no es apetitosa en lo absoluto, por lo que hay quienes proponen que ésta carne sea molida y adicionada con químicos que le den una apariencia “natural”.

El problema más complejo es el costo: estimados publicados por la revista Nature en 2010 determinaron que una tonelada de carne en laboratorio costaría alrededor de 3,500 euros por tonelada (alrededor de 58 mil pesos), frente a los 1,800 euros (casi 30 mil pesos) que cuesta actualmente la crianza y procesamiento de una tonelada de carne de pollo.

Pese a todo, es muy probable que en el transcurso de esta década, estos inconvenientes queden resueltos, por lo que quizá nuestros nietos escuchen con horror relatos de rastros y mataderos en la misma manera que hoy nos aterra leer historias sobre inocentes arrojados al Coliseo romano para morir entre suplicios.

Pero la mejor opinión es la tuya, ¿te atreverías a comer un bistec hecho en laboratorio?

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