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¿Hay más temblores que antes?

Entrevista con Cinna Lomnitz, uno de los sismólogos más importantes de México.

Uno de los sismólogos más reconocidos nos aclara unas cuantas dudas.

Para platicar del tema buscamos a uno de los sismólogos más reconocidos en investigación sismológica. Se trata del doctor Cinna Lomnitz, investigador emérito del Departamento de Sismología en el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, Premio Nacional en Ciencias y Artes, miembro de la Academia de Ciencias del Mundo en Desarrollo (TWAS, por sus siglas en inglés), de la Unión Geofísica Americana (AGU, por sus siglas en inglés) y de la Sociedad Sismológica de Estados Unidos (SSA, por sus siglas en inglés).

¿Es normal que esté temblando tanto?
Pues… de repente las cosas se juntan. Como dice el dicho: las desgracias nunca vienen solas.

¿No se podría decir que varios temblores preceden a uno mucho mayor?
No, menos de la mitad de los sismos tiene precursores. Todavía no sabemos por qué unos tienen sismos precursores y otros no; y además el problema es identificarlos, porque ¿cómo sabe uno que un sismo es precursor?

¿Entonces cómo ocurre el movimiento?
Así, de pronto, ¡ni siquiera la Tierra sabe que va a temblar! Eso es lo que nos dice el estudio que estamos haciendo sobre el sismo de 2004, en Baja California –el sismo mejor registrado de la historia–. Yo creo que hay que aceptar lo que nos dice. La mayoría de mis colegas seguro pensará que estoy loco, que algo debe haber, pero no es necesariamente así.

Pero ya ve cuántas profecías hay…
Pero cuántas fracasan. Yo me eduqué en una tradición científica que consideraba la predicción de temblores ni más ni menos como brujería. Recuerdo que Charles F. Richter –el sismólogo estadounidense que creó la escala para medir terremotos– guardaba los artículos y la correspondencia sobre predicción
en un cajón especial que llamaba “el archivo de los locos”, y nos lo enseñaba para que los estudiantes pudiéramos percatarnos de la infinita e inagotable insensatez humana.

Es un tema de mucha discusión, pero de hecho la palabra predicción ya no está en uso, ahora se trata de prevención. Y la prevención significa “construir bien”, y esto es lo más efectivo contra los sismos. Por ejemplo, después del sismo del 85 sabemos que la Ciudad de México es especial, sabemos que tiembla
diferente que otros lugares y que eso tiene que ver con el movimiento del lago. Tenemos normas mucho mejores que las que teníamos en 1985. Las construcciones ahora son de acero.

¿Y cómo sabemos que van a aguantar?
No sabemos… pero yo espero que sí.

¿Cómo es que tiembla diferente en la Ciudad de México?
Después del 85 se descubrió que en el centro de la ciudad, donde estaba el antiguo lago –que fue drenado por los españoles–, hay una capa de lodo. Toda esa zona, que es la parte baja de la ciudad, está sobre un lecho de lodo de unos 25, 30 metros. Y el lodo se mueve de modo diferente. La frecuencia del movimiento es distinta.

¿Recuerda cómo fue el terremoto del 85? Muy largo y muy lento, oscilatorio. Ese movimiento tiene que ver con el lodo. Vienen las ondas sísmicas desde el epicentro, empiezan a excitar ese lodo y el lodo comienza a hacer un movimiento similar al de un columpio al unísono en un movimiento de dos segundos, dos segundos y medio. Eso, a las construcciones bajitas, no les hace nada porque van junto con el lodo, pero en un edificio de 7 a 18 pisos empiezan a hacer doblarse en ángulo. Ese edificio entra en resonancia con el movimiento de dos segundos.

¿Y si es mayor a 18 pisos?
A un edificio de 40 pisos no le pasa nada porque tiene una resonancia aun más lenta, está fuera de los dos segundos. La Torre Latinoamericana, por ejemplo, tiene una resonancia de cinco segundos.

¿Si tiene menos de siete pisos no están en la resonancia de los dos segundos?
Exacto, no pasa nada… Interesante, ¿verdad? Pero raramente pensamos en eso cuando nos vamos a vivir a algún lugar.
 
¿Y qué ocurre con las construcciones largas, como los segundos pisos?
Ahí hay discusión todavía; pero yo recuerdo una falla espectacular en el edificio Nuevo León, de Tlatelolco, un edificio muy largo, de una cuadra, y sé, los testigos lo cuentan, que ese edificio se hizo como una culebra en el 85. Eso quiere decir que la longitud de onda es de menos de cien metros… Pero ahí hay discusión todavía, eso no se ha medido.

¿Puede ocurrir un nuevo sismo en el DF?
Lo malo es que no se puede predecir. Pero hay que tomar en cuenta que la situación de la Ciudad de México no es muy favorable porque, aparte del lago, resulta que se encuentra en el centro de un área
donde tiembla, a una distancia equidistante de Puerto Vallarta, de Acapulco, de Tehuantepec, y un temblor fuerte en toda esa zona nos daña. El caso es que la Ciudad de México tiene un riesgo especial porque está en un punto difícil y además tiene el lecho del lago. Eso es lo que me preocupa.

¿Teme usted a los temblores?
Sí, a mí no me gustan… El temblor es una cosa traicionera porque no es algo que llegue y haga lo mismo en una casa que en otra. En cada construcción el temblor busca el punto débil y ese punto débil existe en cualquier construcción.

No es posible que la construcción sea cien por ciento pareja. ¿Cómo hace el temblor para encontrar ese punto débil? Pues sacudiendo la construcción y viendo cómo le va. Se da cuenta de que esta esquina
se está moviendo más que aquélla, y ahí la empieza a tirar.

Los edificios que más resisten son los más simétricos porque no ofrecen debilidad. Los que tienen una forma irregular están más expuestos porque el temblor no va en una dirección, ¡sacude en todas direcciones! Y ese edificio tiene que resistir. No es fácil, sobre todo si el arquitecto dice al ingeniero “aquí está mi plano y usted nomás calcule”.

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