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Lo malo de haber perdido el vello

Trabajar en oficinas y vivir en ciudades daña tu salud más de lo que creías.

La baja exposición solar reduce tus niveles de vitamina D y altera el reloj biológico.

BOSTON, Massachusetts.- Hace 1.6 millones de años los humanos conocimos la desnudez. Nuestros ancestros homínidos perdieron el vello como una adaptación a la regulación del calor para evitar un sobrecalentamiento del cerebro y permitir largas caminatas para conseguir alimento y migrar, sin embargo lo que también dio paso a los diferentes colores de piel hoy día tiene efectos en la salud preocupantes, explicó la antropóloga Nina Jablonski en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, por sus siglas en inglés) 

La pérdida del pelo permitió que se formaran distintas pigmentaciones en la piel gracias a la melanina que se modificaba por la reacción ante los rayos ultravioleta. La melanina también permite que se produzca la vitamina D que regula la absorción de calcio por el cuerpo.

Pero esta desnudez, también tuvo efectos culturales como la fabricación de tecnología para protegernos del clima, como la ropa o la necesidad de construir refugios, sin embargo la vida dentro de casas y edificios, que se ha extendido en las ciudades, nos ha hecho más vulnerables que nuestros ancestros.

Las personas que viven en ciudades, y sobre todo en lugares en los que hay otoños e inviernos con poca luz, suelen pasar la mayor parte de su vida diaria dentro de oficinas, casas o lugares cerrados sin exponerse a los rayos del Sol.

La baja exposición a la luz solar y a los rayos UV reducen los niveles de vitamina D, alteran el ritmo circardino o reloj biológico. Además deprimen el sistema inmune y todo ello nos hace más vulnerables al resfriado y a las infecciones. El 60% de la población mundial ahora vive en ciudades", dijo Jablonski, profesora de la Universidad Estatal de Pennsylvania.

En entrevista, Jablonski explicó que ahora dirige un estudio en Sudáfrica con 100 personas con distintas pigmentaciones de piel en las que analizará durante un año los distintos niveles de vitamina D en la sangre comparada con su exposición al Sol para averiguar los efectos que registra cada persona.

Las consecuencias de la deficiencia de vitamina D no terminan ahí, también contribuye al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo II, algunos tipos de cáncer e incluso algunos patrones de enfermedades mentales, alertó Ellen Quillen del Instituto de Investigación en Biomedicina de Texas, quien encontró que el gen OPRM1, un receptor opioide relacionado con el color de la piel en poblaciones hispanas y afroamericanas sigue esos patrones, aunque falta investigar más.
 

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