Un equipo internacional de físicos ha encontrado finalmente pruebas de discos circunplanetarios, lo que añade un peso sustancial a los modelos teóricos actuales de formación de planetas. Estos discos de gas rodeados de polvo han eludido la detección, hasta ahora.

El estudio internacional, dirigido por la Monash School of Physics and Astronomy de Melbourne, Australia, analizó las primeras etapas de la formación de los planetas -por lo general de sólo unos pocos millones de años de antigüedad- utilizando la potencia de las instalaciones del Very Large Telescope (VLT) en Chile.

El VLT consta de cuatro telescopios ópticos – cada uno de ellos enorme por derecho propio – que en este caso se utilizaron juntos, lo que lo convierte funcionalmente en el telescopio óptico más grande del planeta. El equipo de investigación, dirigido por el Dr. Valentin Christiaens de la Universidad de Monash, utilizó el VLT para reunir imágenes infrarrojas de diferentes longitudes de onda de un planeta gigante recién nacido.

«Encontramos la primera evidencia de un disco de gas y polvo a su alrededor, conocido como disco circunplanetario», dice el Dr. Christiaens. «Creemos que las grandes lunas de Júpiter y otros gigantes gaseosos nacieron en tal disco, así que nuestro trabajo ayuda a explicar cómo se formaron los planetas en nuestro Sistema Solar.»

Infrared image of the newborn planet, PDS 70 b and its circumplanetary disk within its birth...

Los científicos han buscado durante mucho tiempo discos circunplanetarios a través de numerosas técnicas y en diferentes longitudes de onda, pero sin éxito. La clave de este descubrimiento reside en un algoritmo desarrollado por el equipo para extraer señales débiles de conjuntos de datos complejos. Como los planetas recién nacidos estaban abrumados por el resplandor de la estrella que orbitaban, el resplandor de la estrella necesitaba ser removido de las imágenes. Una vez hecho esto, el disco circunplanetario se reveló.

«A pesar de una búsqueda intensiva, hasta ahora los discos circumplanetarios han eludido la detección», dice Christiaens. «Esta primera evidencia sugiere que los modelos teóricos de formación de planetas gigantes no están lejos.»

El descubrimiento nos acerca a una comprensión más completa de cómo surgió nuestro propio Sistema Solar -y nosotros mismos-.