Nuestros cuerpos tienen poderosas defensas incorporadas en la forma del sistema inmunológico, pero a veces necesita un empujón extra. La terapia con células T del receptor de antígeno quimérico (CAR) consiste en reprogramar las células T para detectar el cáncer, que ha sido eficaz contra los cánceres de la sangre, pero no tanto contra los tumores sólidos. Ahora, los científicos del MIT han encontrado una manera de sobrealimentar la técnica con una vacuna de refuerzo.

La terapia celular CAR-T consiste en extraer células T de un paciente, programarlas para que se dirijan a las proteínas que se encuentran en la superficie de las células cancerosas y luego reintroducirlas en el cuerpo. La técnica ha demostrado tener éxito contra algunas formas de leucemia, pero no se ha traducido bien a otros tipos de cáncer, en particular los tumores sólidos.

Así que los investigadores del MIT se propusieron encontrar una manera de aumentar la eficacia de la terapia CAR-T. Su hipótesis era que las células T podrían ser cerradas por el ambiente supresor que los tumores tienden a construir alrededor de sí mismos. Decidieron investigar si una vacuna podría ayudar al sistema inmunológico a superar esas defensas.

La vacuna que crearon está diseñada para unir las células CAR-T en los ganglios linfáticos para combatir el tumor. Para ello, la vacuna contiene una molécula grasa llamada cola lípida que permite que el medicamento viaje directamente a los ganglios linfáticos, y una vez allí, el ingrediente activo es un antígeno que envía las células T después del cáncer.

«Nuestra hipótesis era que si se estimulaba a esas células T a través de su receptor CAR en el ganglio linfático, recibirían el conjunto correcto de pistas de cebado para hacerlas más funcionales, de modo que fueran resistentes al cierre y siguieran funcionando cuando se introdujeran en el tumor», dice Darrell Irvine, autor principal del estudio.

An MIT team has developed a vaccine to stimulate T cells (red) to attack solid tumors...

El equipo probó la vacuna en ratones que tenían glioblastoma, melanoma o cáncer de mama, y observó una enorme mejora en la respuesta de las células T. A los ratones se les administraron alrededor de 50,000 células CAR-T y luego se les administró una vacuna de refuerzo al día siguiente, y luego otra vez una semana después. En el 60 por ciento de los ratones, los tumores fueron completamente eliminados. Esto es posible gracias al aumento en el número de células CAR-T, que dos semanas después del tratamiento constituyen el 65 por ciento de la población total de células T.

Por el contrario, en los ratones a los que se les administraron células CAR-T pero no la vacuna, no hubo efecto sobre los tumores sólidos y las células CAR-T mismas fueron difíciles de detectar en el torrente sanguíneo.

La técnica también pareció prevenir que los tumores volvieran más tarde. El equipo inyectó nuevas células tumorales, del mismo tipo que los tumores originales, en los ratones 75 días después del tratamiento. El sistema inmunológico no tuvo problemas para eliminarlos de nuevo. Otros 50 días después, el equipo inyectó diferentes células tumorales y, una vez más, las células CAR-T de los animales las eliminaron.

Por muy prometedor que suene la investigación hasta ahora, vale la pena tener en cuenta que se realizó en ratones y puede que no se traduzca en humanos. Dicho esto, el equipo hizo pruebas preliminares con células T humanas en el laboratorio, y encontró que funciona, lo que es un buen primer paso hacia las pruebas in vivo en humanos.

El equipo espera que la técnica pueda ver ensayos clínicos en humanos en uno o dos años.