Un importante y riguroso estudio en animales dirigido por científicos de la Universidad Johns Hopkins ha demostrado cómo las proteínas mal plegadas que se cree causan la enfermedad de Parkinson pueden originarse en el intestino y viajar hasta el cerebro a través del nervio vago. Esta investigación se basa en un conjunto convincente de pruebas que apuntan a una conexión intestino-cerebro en la enfermedad y sugiere posibles nuevas vías de tratamiento.

La enfermedad de Parkinson se caracteriza por la muerte celular progresiva de las neuronas secretoras de dopamina del cerebro, que se cree que es causada por la agregación de grupos esféricos mal plegados de la proteína alfa-sinucleína. Estos agregados de proteínas tóxicas a menudo se denominan cuerpos de Lewy.

Durante varias décadas los científicos han sabido que estos cuerpos de Lewy podían ser encontrados en el tracto gastrointestinal de los pacientes con la enfermedad de Parkinson, pero no fue hasta que se publicó una serie de documentos influyentes a principios de la década de 2000 que se planteó una fuerte hipótesis sobre el intestino y el cerebro. El científico alemán Heiko Braak y su equipo formularon la hipótesis de que la enfermedad se originó en el intestino, y los cuerpos de Lewy dañinos posteriormente viajaron hacia el cerebro a través del nervio vago. La hipótesis de Braak, como ahora se conoce, sigue siendo una idea divisiva en el campo de la investigación del Parkinson, con tantos escépticos como creyentes.

Uno de los primeros desafíos experimentales para verificar la hipótesis de Braak es, por supuesto, establecer si los cuerpos de Lewy pueden realmente propagarse directamente del intestino al cerebro. Un estudio realizado en ratas en 2014 demostró efectivamente que esta propagación es posible, pero esta nueva investigación de la Johns Hopkins es la evidencia más rigurosa producida hasta la fecha, demostrando que no sólo estas proteínas mal plegadas pueden moverse del intestino al cerebro, sino que esa propagación también puede inducir signos patológicos clave de la enfermedad de Parkinson.

El estudio comenzó inyectando alfa-sinucleína sintética mal plegada en las tripas de ratones sanos y rastreando a esos animales durante 10 meses. El análisis del tejido cerebral en varios puntos durante el período de 10 meses reveló que la alfa-sinucleína primero se agregó en el punto en que el nervio vago se conectó con el intestino, y luego se diseminó finalmente por todo el cerebro. Aún más interesante, la propagación de las proteínas alfa-sinucleína hacia el cerebro se detuvo cuando se cortó el nervio vago de los animales.

El siguiente paso en la investigación investigó si esta propagación de la alfa-sinucleína desde el intestino hasta el cerebro confería cambios de comportamiento similares a los observados en la enfermedad de Parkinson. A través de un número de diferentes estudios de comportamiento, comúnmente usados para evaluar la enfermedad de Parkinson en animales, los ratones sembrados con la alfa-sinucleína mal doblada obtuvieron resultados consistentemente más bajos que los ratones del grupo de control. Sin embargo, lo más importante es que los resultados de un tercer grupo experimental de ratones, sembrados con alfa-sinucleína mal plegada pero con nervios vaginales cortados, mostraron puntuaciones similares a las del grupo control. Esto sugiere que la enfermedad de Parkinson puede originarse en el intestino, y el bloqueo de esta vía de transmisión podría prevenir eficazmente el inicio de la enfermedad.

«Estos hallazgos proporcionan una prueba más del papel del intestino en la enfermedad de Parkinson, y nos dan un modelo para estudiar la progresión de la enfermedad desde el principio», dice Ted Dawson, uno de los autores del nuevo estudio. «Este es un descubrimiento emocionante para el campo y presenta un objetivo para la intervención temprana en la enfermedad.»

Este nuevo estudio no es ni mucho menos una prueba definitiva o concluyente de los orígenes intestinales del Parkinson. Un documento reciente que esboza los argumentos a favor y en contra de los orígenes viscerales del Parkinson concluyó que existe un notable volumen de evidencia en contra de esta audaz hipótesis. Es innegable que se necesita más trabajo, especialmente en sujetos humanos, pero este trabajo del equipo de Johns Hopkins es un paso positivo hacia el desarrollo de nuevos tratamientos potenciales para esta devastadora enfermedad.