¿Qué factores menos conocidos predisponen a las formas graves de COVID-19?

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Cada uno de nosotros está en peligro – sin excepciones- de contraer COVID-19. Pero si el perfil típico del paciente que desarrolla formas graves de infección ya era desgraciadamente conocido (anciano, varón y con al menos una patología previa), estamos aprendiendo cada vez más de jóvenes que antes estaban perfectamente sanos y terminaron en cuidados intensivos. ¿Existen otros factores, además de la edad y las enfermedades anteriores, que influyan en el resultado de la patología? La investigación se centra en al menos un par de otros frentes.

La cantidad de partículas virales

Los expertos denominan dosis infecciosa al número promedio de partículas virales necesarias para establecer una infección en un organismo. No sabemos cuál es la dosis de COVID-19, pero dada la velocidad a la que se propaga, es probable que sea baja, en el rango de unos pocos cientos de miles de partículas. Por lo tanto, a diferencia de lo que se supone para los virus de la gripe y los coronavirus del SARS y el MERS, la dosis infecciosa del coronavirus del SARS-CoV-2 no parece estar relacionada con la magnitud de sus síntomas, sino que la carga viral es el número de partículas virales que un individuo positivo hospeda y propaga en el medio ambiente.

Tomando un ejemplo propuesto en el New Scientist podemos pensar en la dosis infecciosa como la cantidad de chispas que se necesitan para encender un fuego, y la carga viral como la vivacidad de ese fuego. Aquellos con una alta carga viral pueden transmitir más fácilmente el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 a sus contactos. Pero no es necesario que desarrolle síntomas más graves: según dos investigaciones realizadas respectivamente en Lombardía (Italia) y Guangzhou (China), no habría una diferencia significativa entre la carga viral de los pacientes con o sin síntomas, o con síntomas graves o leves.

Por el contrario, en un estudio realizado en Nanchang (China) se encontró una fuerte correlación entre la cantidad de virus presente en la nariz de los pacientes con COVID-19 (en particular con la tasa de replicación del patógeno) y la gravedad de los síntomas. Como se puede ver en estas señales contradictorias, la imagen aún no está completamente clara.

Susceptibilidad genética

Otros proyectos se centran en posibles factores genéticos que podrían predisponer a un curso más grave que el COVID-19: sabemos que el virus no ha cambiado mucho su perfil genético hasta ahora, pero al mismo tiempo estamos viendo grandes diferencias en los síntomas tanto entre los pacientes como entre los países afectados. El objetivo es comparar el ADN de personas con formas graves de COVID-19 pero sin otros factores de riesgo (como diabetes, enfermedades respiratorias o cardiovasculares) con el de pacientes con formas leves o asintomáticas de la infección.

La hipótesis más obvia es – como se explica en Science – que puede haber diferencias en los genes que codifican las proteínas de superficie ACE2 que el virus explota para acceder a las células de las vías respiratorias. Pero también se probarán otras vías, como las posibles diferencias en los genes que regulan el sistema inmunológico y una hipótesis de estudio que proviene de China, a saber, que ciertos grupos sanguíneos pueden tener un efecto protector contra el contagio.

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