El coral está formado por comunidades de pequeños pólipos que construyen, en la base de sus cuerpos blandos, un esqueleto de carbonato de calcio con una función protectora y de apoyo. Los pólipos crecen uno al lado del otro, de manera que las secreciones de piedra caliza se funden y estratifican, formando arrecifes de coral, como el australiano, el más grande del mundo, que cubre un área de más de 80 mil millas cuadradas.

Con la muerte del organismo, el esqueleto es colonizado por otros pólipos. A merced de las olas. En los mares tropicales, los pólipos se multiplican y dividen muchas veces, aumentando así el tamaño de la colonia. En situaciones adversas (por ejemplo, la superpoblación), los pólipos liberan millones de espermatozoides y huevos al mar de forma sincronizada, durante la marea alta. Le sucede a un solo óvulo de cada diez millones que se fertiliza: origina una larva que, llevada por las corrientes, va a fijarse en una roca donde se convierte en pulpo, y comienza a dividirse, dando lugar a una nueva colonia.

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