El Mar de Aral casi ha desaparecido

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¿Qué hacen los barcos oxidados en medio del desierto? ¿Fuerzas paranormales? ¿Alienígenas? No, sólo uno de los más graves desastres ambientales causados por el hombre. Hasta hace unas décadas esta zona era el cuarto lago más grande del planeta en cuanto a superficie: el lago Aral, un lago salado de origen oceánico en la frontera entre Uzbekistán y Kazajstán. Desde 1960 su superficie se ha reducido en un 75%, y de los 68.000 kilómetros cuadrados originales hoy en día queda poco más del 10%. El 90% restante es arena, el resto del agua se ha secado. Tanto es así que cada año en agosto, el satélite Terra de la NASA apunta sus instrumentos al lago Aral para documentar la extracción de agua. A continuación se puede ver la evolución del lago desde el año 2000 hasta el 2016.

¿Por qué desapareció el Lago de Aral?

Pero, ¿cómo es posible que un lago tan grande que a menudo se llama «mar» desaparezca en menos de 50 años? Durante la Guerra Fría, con el fin de aumentar la producción de algodón en una región árida como Uzbekistán, el régimen soviético puso en marcha un proyecto para desviar los dos ríos hacia el lago mediante el uso de canales. El agua extraída se utilizaba para regar los campos de los cultivos intensivos recién nacidos en las zonas circundantes.

Tóxico

Sin los ríos que lo alimentaban, el Mar de Aral se ha ido secando gradualmente a lo largo de los años, dando lugar a un desierto de arena salada y tóxica donde sólo sobreviven los esqueletos oxidados de los barcos que una vez araron sus aguas.Para abrir paso a las plantaciones de algodón, de hecho, se utilizaron enormes cantidades de herbicidas que contaminaron irreparablemente las tierras circundantes, tanto que aún hoy el polvo contaminante se sigue esparciendo por todas partes, desde las frecuentes tormentas de arena hasta los lejanos glaciares del Himalaya. No es casualidad que lo que ocurrió en el lago Aral haya sido calificado como el mayor desastre ecológico de la historia.

La economía del algodón

El algodón se ha convertido en el «oro blanco» de Uzbekistán, la base de la economía nacional. Desde 1991, cuando se independizó, el país de Tamerlán ha sido el sexto productor mundial del sector, aunque sólo es 56⁰ por superficie. Cada año, el campo uzbeko proporciona un millón de toneladas de copos: 50 kilos por habitante. Y si en lugar del algodón producido consideramos el exportado, el país de Tamerlán salta al segundo lugar. Precedido sólo por los Estados Unidos. Un milagro. Pero con efectos secundarios negativos, a veces dramáticos. El más evidente es el del lago Aral, que era la segunda masa de agua más grande de Asia Central (después del Mar Caspio). Hoy en día, en las orillas del lago, hay barcos y botes que han quedado varados a kilómetros de la costa: hace años se utilizaban para la pesca, hoy son reliquias fantasmales de un desastre ambiental.

El drama del Aral se ve agravado por el hecho de que hoy los ríos llevan fertilizantes químicos y pesticidas, utilizados por la agricultura. La densidad de los contaminantes en los cursos de agua de Uzbekistán no es probablemente mayor que en ciertos ríos europeos como el Po y el Danubio. Pero sólo «probablemente», porque nadie lo mide realmente. Además, como el lago no tiene emisarios, todos los venenos se acumulan de forma irreversible. La reducción del depósito hace el resto, porque aumenta fatalmente la concentración de sustancias tóxicas.

Trabajo infantil

Otro efecto secundario del «oro blanco» es el trabajo infantil. Lo que en Uzbekistán no es casual, sino sistemático. En otoño, según muchas quejas de diversas asociaciones humanitarias, miles de niños de 7 años o más dejan la escuela para trabajar en la cosecha de las plantaciones con salarios mínimos. Tanto es así que varias cadenas comerciales, principalmente inglesas, se han unido a una campaña de boicot al algodón de origen uzbeko.

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