Los llamados niños índigo estarían particularmente dotados de ciertas cualidades, como la empatía, e incluso estarían destinados a mejorar o salvar a la humanidad. La idea de los niños índigo fue propuesta a finales de los años 70 por la parapsicóloga estadounidense Nancy Ann Tappe, según la cual el índigo es el color del aura que rodea a estos niños.
El aura sería una especie de halo, visible sólo para algunas personas, que, dependiendo del color, identificaría las características de cada individuo. Nancy Ann Tappe afirmó ver el aura y publicó un exitoso libro.

De la teoría a la fantasía. Los dos parapsicólogos americanos Lee Carroll y su esposa Jan Tober, que a finales de los años 90 comenzaron a publicar libros en los que especificaban las características de estos niños, brillantes pero rebeldes, convirtieron a los niños índigo en una teoría real, sin ninguna base científica. A partir de ellos, se inició una especie de escuela de pensamiento que sigue teniendo cierto éxito, aunque no tenga ninguna base científica.

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