Algunas personas asocian las letras del alfabeto con colores precisos, los días de la semana con formas geométricas particulares, palabras escritas en un libro con un olor o sabor específico. Esta superpotencia es un fenómeno perceptivo conocido como sinestesia y consiste en la fusión, en una sola esfera sensorial, de percepciones de distintos sentidos o -en términos más científicos- en el sincronismo funcional de dos órganos sensoriales o dos facultades cognitivas. Afecta a una pequeña población (del 0,05% al 4%) y es uno de los campos más misteriosos y apasionantes de la investigación neurocientífica.

Un sinestésico puede ver el calendario del año en forma de un mapa tridimensional; imaginar la edad de las personas como una curva matemática; emocionarse hasta las lágrimas tocando una superficie con la mano. Estas «interferencias perceptivas» entre un sentido y otro se asocian a menudo a excelentes dotes mnemotécnicas y a una fuerte capacidad creativa: la sinestesia es 7 veces más frecuente en artistas, escritores y poetas, que han encontrado la manera de compartir la belleza sensorial en la que participan.

Las causas se siguen investigando sobre la base fisiológica de este fenómeno: las teorías más acreditadas lo atribuyen a los cambios en las conexiones entre las áreas cerebrales. En el origen de estas experiencias puede haber la presencia de conexiones redundantes, no eliminadas durante el proceso normal de «adelgazamiento» de las sinapsis menos utilizadas que se producen con el crecimiento cerebral; o, de nuevo, una comunicación excesiva entre las áreas contiguas del cerebro en comparación con lo que ocurre en un cerebro no sinestésico. El hecho de que un tercio de los sujetos sinestésicos tengan un pariente con las mismas capacidades también hace pensar que el fenómeno tiene algún componente genético.

¿Puedes entrenarte en sinestesia? ¿Pero puedes aprender sinestesia de alguna manera? En otras palabras, si quisiéramos, ¿podríamos volvernos sinestésicos? Todos somos potencialmente sinestésicos: el cerebro humano tiene mecanismos que permiten una fusión entre los sentidos. Estos mecanismos están latentes en la población en general, por lo que no somos conscientes de su funcionamiento, mientras que en el sinestésico, se supone que son factores genéticos, es como si fueran hiperactivos, explica Nadia Bolognini, Investigadora de Psicobiología y Psicología Fisiológica de la Universidad de Milán-Bicocca, experta en integración multisensorial.

La ingesta de drogas alucinógenas o antidepresivos puede inducir sinestesia, en su mayoría temporal. La sinestesia puede ser inducida incluso en condiciones normales, a través de hipnosis, o modificando la excitabilidad de áreas específicas de la corteza cerebral. Recientemente hemos demostrado que en los sujetos no sinestésicos, la sinestesia del tacto de espejo (la que permite percibir sensaciones táctiles a la vista de una persona que es tocada) puede ser inducida por el aumento temporal del nivel de excitación de las áreas del cerebro responsables del procesamiento de las sensaciones corporales, a través de una estimulación transcraneal no invasiva de la corriente eléctrica. Incluso las lesiones cerebrales causadas por un derrame cerebral o una amputación de una extremidad pueden dar lugar a la aparición de sinestesia.

Algunos investigadores de la Universidad de Ámsterdam lograron inducir una forma de sinestesia (el llamado grafema – color) sobre temas no sinestésicos: a un grupo de voluntarios se les dio a leer un texto con las letras y, t, a y s de color, y todos los demás negros. Los sujetos leen el texto normalmente, aprendiendo inconscientemente a asociar colores a sus letras.

Más tarde, los investigadores mostraron a las mismas personas las capturas de pantalla de las letras de colores, y les pidieron que les dijeran de qué color era. Cuando el color no era el mismo que el que habían aprendido a asociar con las letras de la primera formación, las respuestas llegaron después de unos momentos de incertidumbre, señal de que en sus cerebros se habían formado asociaciones temporales de letras y colores similares a las que pueden ver las personas con algo de sinestesia.

También se pueden aprender algunas formas de sinestesia, pero en este caso sería más correcto hablar de «asociaciones cognitivas», explica Bolognini. Olympia Colizoli, que investiga la sinestesia en la Universidad de Amsterdam, recuerda el caso de una mujer sinestésica que, al regresar a su antigua clase, se dio cuenta de que los colores que asociaba con las letras del alfabeto eran los mismos que los de la cartelera en la que aprendió a leer. O de otros once sujetos sinestésicos que -se descubrió- asociaban a las letras del alfabeto los colores que durante la infancia habían visto en las letras magnéticas de la nevera vendidas por Fisher Price. Estas personas pueden haber estado genéticamente predispuestas a la sinestesia, y han expresado sus capacidades como resultado de asociaciones aprendidas durante la infancia.

Esto es cierto, si para los adultos algunas formas de sinestesia pueden resultar placenteras, o cognitivamente «beneficiosas», los niños pueden encontrarlas difíciles de manejar: Colizoli recuerda, por ejemplo, el caso de un niño sinestésico al que le resultaba difícil leer porque el color en el que percibía las letras era demasiado claro comparado con el fondo blanco de la página. Mi impresión general es que los niños encuentran la sinestesia más distractora que los adultos, que ahora han desarrollado estrategias para vivir con ella», concluye el investigador.

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